Ángel L. Fernández habla de Jot Down

Ángel Luis Fernández, informático sevillano, pasó la tarde de el martes 27 en la Facultad de Comunicación de Sevilla para hablar del proyecto que sacó junto a su socia hace un año y medio: Jot Down Cultural Magazine. En una presentación auspiciada por el profesor José Luis Rojas, el editor de Jot Down explicó a los oyentes el proceso que llevó a cabo para elevar un proyecto cultural en internet hacia un portal web con más de un millón de visitas al mes. Tal y como rezaba una de las diapositivas que acompañaban la charla, “Jot Down Magazine es una revista que pretendía arrancar desde los quioscos, pero uno de esos expertos con bigote al que consultamos nos convenció de que no era buena idea teniendo en cuenta los tiempos que corren y, sobre todo, nuestra nula experiencia en el sector”.

“La idea surgió porque varias personas que nos reuníamos en distintos foros de internet comentamos que era una pena que no existiera una revista que agrupase todas las cosas que nos gustan”. Descartado el papel por los costes y las responsabilidades que ello suponían, los socios que conforman Jot Down se decantaron por hacer primero la web, (en WordPress a coste cero) y si tenía éxito, adentrarse en el mundo del papel. Este grupo está formado por un ingeniero, un abogado, un arquitecto, un informático y un filólogo, y lograron que su idea, basada en el New Yorker, comenzara a tomar forma. Poco a poco, al conseguir colaboradores de renombre, lograron que Jot Down inundase las redes sociales y que el boca-oreja funcionara a la perfección.

En el momento en que llevaron a cabo el plan de viabilidad y contrataron el hosting, comenzaron a definir el engranaje de Jot Down. Lo primero, registrar la marca. “Si nosotros no hubiésemos registramos la marca Jot Down nos podría haber pasado como le ocurrió a Amazings”, dijo el editor. Esta web, referente en el ámbito científico, tuvo que cambiar su nombre a Naukas debido a que alguien registró el nombre antes que ellos. “Empezaron con mucha ilusión pero no prestaron atención a la parte administrativa, y han tenido que cambiar el nombre con los problemas que genera eso”, explicó. Ya sólo hacía falta conocer el tipo de sociedad en el que se iban a constituir. Para ello, en Jot Down fueron consecuentes. Tal y como comentó Fernández, siempre que se realiza un proyecto con varios amigos hay alguien que trabaja menos que los demás (ya sea por trabajo o por implicación) y se beneficia del esfuerzo de los otros. “Al principio, cuando no ganas dinero, da igual, pero si luego el proyecto va bien, es diferente”, comentó. “En Jot Down somos una sociedad civil en la que estamos dos personas, y luego, el resto de la gente que ha participado se constituyó como socios con cuentas en participación”, comentó. Estos socios tienen beneficios pero no poseen capacidad de decisión.

Ángel L. Fernández durante la charla en la Facultad de Comunicación de Sevilla.

Hay becarios en Jot Down. Tal y como contó Fernández, tres estudiantes de quinto de periodismo se encuentran en la web del blanco y negro haciendo sus pinitos en el oficio. ¿Requisito? Tener un karma mínimo de 10 en Meneamé. Y es que en Jot Down tienen claro la importancia de la visibilidad, que fue el siguiente paso que dieron a la hora de impulsar el proyecto. Con la firme convicción de que un periodista tiene que estar en las redes sociales, Jot Down se valió de Meneamé en un principio. “Cuando estás ahí dentro ves cómo las noticias que salen en El País, El Mundo, o ABC son sólo un 30% de lo que realmente está ocurriendo. Meneamé te da la posibilidad como bloguero o autor de que si lo que tu dices es interesante lo lea todo el mundo”, explicó Fernández, que también habló de la red del pajarito azul. “En Twitter, si tienes muchos seguidores y pones una noticia, la leen muchas personas, por lo que hacen una inversión en la publicidad que tengas”. Así, Fernández comenzó a exponer lo que las empresas de comunicación demandan hoy en día de un periodista. “La comunidad es lo fundamental para tener visibilidad, y si la tenéis os van a contratar”, comentó. La comunidad son todas aquellas personas que siguen a un determinado bloguero, periodista, escritor, etc.  Si éstos tienen un gran número de seguidores, explicó Fernández, es más fácil que sean contratados, ya que el medio sabe que detrás de ellos hay un número importante de personas que entrarán en las noticias que escriban y dejarán dinero en publicidad. “Ahora se está comentando mucho que Planeta se está quedando obsoleta, pero si os fijáis, los dos últimos libros que ha sacado, tanto el de Lorenzo Silva (Premio Planeta) como el de Juan Gómez-Jurado, son de dos autores que, sin decirnos si son buenos o malos, tenían su propia comunidad”. Éste último publicó su libro en Amazon por un euro, lo que, según Fernández, aumentó mucho su comunidad. Del mismo modo, y para incidir más en el tema, puso el ejemplo de eldiario.es. “Ignacio Escolar ha aprovechado el caldo de cultivo que era su comunidad para sacar un medio, y a esta se han unido gente como Rafael Reig o Antonio Orejudo, que también tenían sus comunidades, llegando así al nivel mínimo para que eso se convierta en un producto competitivo al menos a nivel de visitas y de periodismo”, explicó. En cuanto a Facebook, “por una pequeñísima cantidad de dinero, hace que algo que tu tengas en tu time line (TL) le salga a tus amigos y, si quieres, hasta a los amigos de tus amigos”, comentó. De esta forma dijo que el empresario tiene dos opciones, elegir que pongan su noticia en el apartado de publicidad “que en mi experiencia, no vale”, matizó; o en TL de toda esa cantidad de personas. Para cerrar el tema de la visibilidad, recordó las entrevistas de Jot Down. “Como  no nos arriesgamos nada al ser de coste cero, pues no queríamos hacer las cosas al gusto de lo que dicen los gurús de internet, a lo que se lleva o lo más cool”; así que apostaron por las entrevistas largas. Esto, en palabras de Fernández, tiene una doble vertiente. Al hacer una entrevista que no va buscando el titular de impacto, el entrevistado se relaja. Así, y al conectar con él, siente que la entrevista le ha gustado. “La entrevista conecta con el lector y tú como medio conectas con el entrevistado”. “Por ejemplo, Ignacio Escolar,  es una persona que tiene un montón de seguidores en twitter, y  si le gusta la entrevista que le hacemos, la difunde y eso nos da a conocer”. Así, explicó el editor, si a los seguidores le gusta, conectará con muchos de ellos. “De esta manera, con la cantidad de entrevistas que hacemos vamos ampliando el círculo de lectores potenciales, y aunque muchos se quedan sólo en la entrevista, otros aprovechan y ven qué mas hay”. Sin embargo, matizó, no hacen entrevistas cuando el interesado se encuentra en promoción “pues lo único que va a hacer es hablar de su libro”.

Como todo proyecto empresarial, Jot Down está enfocado para ganar dinero. Si bien están a favor del creative commons (compartir sus contenidos de forma libre y sin coste), no lo hacen con la revista. La revista de Jot Down, cuyo segundo número ha vendido cerca de 10.000 ejemplares, es la fuente directa de financiación de todo el entramado de Jot Down. La publicidad, como comentó Fernández, da 0,20 euros por mil visitas, lo que les deja un montante de 200 euros al mes, algo escaso para llevar a cabo los demás planes. Podrían haber recurrido al crowfunding o a las donaciones, como hace Wikipedia, pero “no nos gustan las donaciones, porque parece que estás en deuda con los donantes”. Así que acordaron apostar por algo que, de nuevo, iba a ser a coste cero. “Decidimos sacar un store”, dijo. Una tienda virtual en la que, si todo iba como habían pensado en un principio, poder vender la revista en papel. “Las fuentes de ingresos de Jot Down son básicamente el store y algo de publicidad. A la vez que sacamos el store, pusimos una editorial que se llama Jot Down Books, con la que hemos publicado nuestro primer libro, de Enric GOnzalez, que vendió cerca de 150 libros en 24 horas”. La revista, cuyo diseño y contenido van a la par, no tiene una sóla página de publicidad. “Huimos del amarillismo, lo que reduce nuestro target al no hablar de Belén Esteban, pero tenemos un nicho de mercado que lee y que gasta”, explicó. “Te tiene que gustar leer para ver Jot Down, así que de todos los que les gusta leer, cuando sacamos un producto impreso hay un porcentaje que lo compra, lo que es fundamental para el negocio”, sentenció.

Al lector de Jot Down ya no le sorprende ver artículos firmados por varios de los mejores periodistas de este país. “Tenemos mucha cantidad de solicitudes de periodistas de El País y El Mundo que quieren trabajar con nosotros”, explicó. “Nosotros somos una web pequeña, así que nuestras condiciones de pago, para que os hagáis una idea, son de 50 euros por artículo en la web”. Entonces, la clave según Fernández es la libertad editorial que proporciona Jot Down. “Gente como Enric González o Ramón Lobo nos dicen que Jot Down, a parte de darle prestigio y visibilidad, les hace disfrutar de lo que han estudiado, de su profesión. Aquí no se sienten censurados y disfrutan”, comentó.

Para finalizar, animó a los presentes a que pusieran en marcha un blog o una web para practicar y ganar visibilidad debido a la situación del periodismo actual. “Antes estabas de becario 2 años, escribiendo cosas que ni te van a gustar ni te van a enseñar, y luego te vas a ir y van a contratar a alguien que lo haga igual cobrando igual. Tenemos a una chica en practicas que se ha dejado una asignatura para poder hacer las practicas con nosotros, y así estar en contacto con el sector”, comentó. Y así, recordó la entrevista que realizaron a Ramón Trecet. “En la entrevista que le hicimos se fue al límite y dijo que un periodista vale lo que sus seguidores en twitter, y que te diga eso un tío con setenta y pico años tiene mérito”.

Fuentes:

  • Texto: Propio elaborado a partir de una charla ofrecida por Ángel L. Fernández en la Universidad de Sevilla.
  • Fotografías: Fotografía propia subida directamente a wordpress.
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2 pensamientos en “Ángel L. Fernández habla de Jot Down

  1. Pingback: Periodismo de red

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